viernes, 7 de agosto de 2015

Lo real es el azar

El ser humano está constituido por tres entidades delimitadas y complementarias: el cuerpo (la materia), el alma (los sentimientos) y la mente (el intelecto o la racionalidad), también cuenta con la posibilidad de expresar lo que su condición conlleva a través del universal llamado lenguaje articulado, éste le brinda la posibilidad de expresarse a sí mismo tanto como al exterior; Si la exteriorización se realiza a través de la escritura el proceso puede llegar a ser más explícito que si se realiza a través de la oralidad debido a que la escritura permite tomar distancia de la propia experiencia, revisar permanentemente las propias reflexiones y explicar, a partir de la selección de las palabras más precisas, aquello que ha sido tan importante y, con un poco de esmero y paciencia, vale la pena narrar. Si cada quien hiciera de su propia experiencia un ejercicio restrospectivo con el solo propósito de aclarar los hechos ocurridos, si se atreviera a narrar por escrito cada detalle del camino que ha recorrido, es probable que pueda seguir caminando con menos incertidumbre y mayor responsabilidad, con la ilusión de que su vida es el resultado del cálculo, la perseverancia y la responsabilidad, que el tan anhelado proyecto de vida se ha materializado a través de una nítida línea recta que se dirige siempre hacia el infinito, la vida se constituye, entonces, en un plácido viaje a través de un paisaje en el que todo es bello y pefecto; si las cosas no van bien, en el sentido que han tomado el camino que no habíamos proyectado, se puede llegar a la triste y fácil consideración de que cada acto de la vida por minucioso y concreto que haya sido en el momento de ser sólo un proyecto, en un abrir y cerrar de ojos puede verse desfigurado o aniquiliado por designios del azar.
Al parecer, la base del equilibrio se funda en el amor: el amor al cuerpo expresado a través de ejercicio, la higiene, la nutrición; el amor al alma a través de la realización de valores como la sinceridad, la generosidad, el desinterés, el ánimo ante la adversidad, la búsqueda del placer, y, por último, el amor al intelecto, expresado a través de actividades que exigen la realización de procesos mentales con altos grados de concentración y abstracción a través de ejercicios como la lectura, la escritura, la elaboración de objetos, la apreciación de obras de arte. Quienes privilegian el amor hacia el cuerpo suelen descuidar el alma y el intelecto, quienes consagran su vida a perfeccionar el alma suelen despreciar el valor y los cuidados del cuerpo, quienes dedican la mayor parte de su vida a cultivar el intelecto, con frecuencia desprecian los placeres que brinda el cuerpo y el alma. Cuando la vida ha transcurrido bajo parámetros sólidos y bien delimitados en los que una de las tres dimensiones -cuerpo, alma o intelecto- ha entrado en conflicto con las demás porque se le han concedido demasiados privilegios, la crisis no se hará esperar, es la mejor manera de hacer manifiesto el abandono o la falta de equilibrio, entonces vendrá la desesperación, el cansancio, la depresión y la injusta o débil valoración de las propias cualidades, bajo estas condiciones el monje desprecia la vida, la modelo de pasarela desprecia la vida y el intelectual consagrado desprecia la vida; el monje sueña con ser modelo de pasarela, el intelectual quiere hacerse monje y a la modelo de pasarela se le antoja consagrarse como intelectual.
La vida puede concebirse como compromiso, carga, condena, placer o curiosidad, depende del momento en que se valore el hecho de estar vivo, del pasado y del presente; la intepretación de la propia vida siempre es subjetiva y la valoración que hacemos de la vida de los demás depende casi siempre de nuestra propia experiencia. Es poco lo que se puede hacer cuando se interpone el azar en la realización de los más grandes o altruistas deseos humanos, algunas personas se concentran en la tarea que han dado en llamar la razón, centro y fin de su vida, cuando más embebidos se hallan, consagrados a la realización de su proyecto personal, de pronto llega, sin avisar, de manera intempestiva y para alterar de manera radical algunos valores muy bien sustentados, el amor, la vejez, la enfermedad, las dificultades económicas, los desastres naturales y en el más desalentador de todos los casos, la muerte.

Las frases del amor

Así es como termina siempre. Un poco de magia. Un poco de humo. Algo flotando. Pero no funciona sin los medios adecuados: un poco de risa, un hombre, una hermosa mujer y amor. Comencemos por el principio. Primero un hombre. No, no está solo. Todavía. Ese es el primer paso: un hombre. Luego viene la risa, la mujer, el amor.
Un hombre entra a un bar. Ve a una hermosa mujer ¿Se conocen? No parece. Pero aún así parecen conocerse ¿Quién conoce a quién? ¿Esto es un comienzo o un fin? Eso es lo que estamos por ver. El comienzo y el fin, Amor y adiós. Sé que no necesito decirlo pero recuerden: Todo es una película. Es una interpretación, pero aún así, duele.
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Todos están buscando amor, los queridos niños. Puede ser un poco una batalla. ¡Que comience!
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- ¿Por qué está tan obsesionado con el amor?
- No sé si lo estoy.
- No, pero es famoso por escribir sobre él apasionadamente.
- Porque me interesa, supongo.
- Como hombre ¿Cree que su visión del amor es diferente a la de la mujer?
- Como detesto las generalizaciones, permítame darle una: Creo que el amor significa algo diferente para un hombre que para una mujer. Para una mujer, el amor es una necesidad. Algo sin lo que no puede vivir, es una elección consciente, algo que ella decide.
- ¿Entonces puede ser una elección consciente que uno elige hacer?
- Si ¿No? Pero el romance no necesita excluir el amor como elección consciente. Los hombres sólo queremos que el amor nos tome por sorpresa. Es algo que no queremos planear, porque en realidad es algo bastante vergonzoso. Algo que interfiere en el camino. Ya sea un fin o un medio el amor tiene que ser impuesto para seguir siéndolo.
Reconstruccion2

Algunas de mis frases favoritas

Hablar sin pasión.
Si intentas gustar acabarás rebajándote.
Todo lo que es profundo ama la máscara.
Siempre se pierde algo al darse al público.
Sólo el oprimido sabe lo que es el espíritu.
A la larga sólo el bien es digno de atención.
De lo sublime a lo ridículo sólo hay un paso.
Lo que haces no es para ti, sino para los demás.
Hay en nosotros algo más profundo que el cerebro.
En cuanto nuestro corazón se enternece se debilita.
El efecto de la sabiduría es una alegría siempre igual.
Dos excesos: excluir la razón, no admitir sino la razón.
Una opinión imparcial carece siempre y en absoluto de valor.
Muchas cosas que causan terror de noche, el día las torna ridículas.
El buen gusto es la capacidad de neutralizar continuamente la exageración.
Si cedo ante el placer, tendré que ceder ante el dolor, la fatiga y la pobreza.
En nuestros pensamientos tiene más parte la voluntad que el entendimiento.
La felicidad es una mentira cuya búsqueda causa todas las calamidades de la vida.
Cuando mejor mentimos es cuando la mentira concuerda con nuestro carácter.
No echaré a perder mi amor por lo sombrío escribiendo una oda a la oscuridad.
Sólo podemos dar una opinión imparcial sobre las cosas que no nos interesan.
Los dioses que nos dieron la llama divina nos dieron también el divino sufrimiento.
No creo en el remordimiento. Es una palabra de melodrama que jamás consideré auténtica.
El hecho de afectar una cualidad, de vanagloriarse de ella, es una confesión de que no se posee.
Ninguna cosa honesta puede ser realizada de mal talante, por fuerza. Toda cosa honesta es voluntaria.
Más vale inclinarse por la duda que por la seguridad en cosas difíciles de probar y peligrosas de creer.
La suprema adquisición de la razón consiste en reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan.
El modo más pérfido de hacer daño a una causa es defenderla deliberadamente con malos argumentos.
"Ni amar ni odiar"; esta regla encierra la mitad de toda sabiduría; "no decir nada y no creer nada": he ahí la otra mitad.
He podido meterme en cargos públicos sin apartarme de mí ni un dedo, y darme a los demás sin robarme a mí mismo.
Decir las cosas tan sencillamente que parece que no se han pensado y con tanta certeza, que se ve bien cómo se piensa.
Toda poesía que no exagera es auténtica y todo lo que produce una impresión duradera y profunda no es exagerado.
Los nudos más sólidos se desatan por sí mismos, porque la cuerda se gasta. Todo se va, todo pasa, el agua corre y el corazón olvida.
El hombre del mundo perfecto sería aquel a quien la indecisión nunca le haga quedarse corto y a quien nada haga apurarse tampoco.
El artista debe arreglarse para hacer creer a la posteridad que no ha vivido. Cuanto menor es la idea que me formo de él, más grande resulta.
En la juventud domina la contemplación; en la edad madura, la reflexión; por eso la primera es la época de la poesía; la segunda, la de la filosofía.
No presumo de ir hacia un falso ideal de estoicismo pero evito las ocasiones de sufrimiento y las atracciones peligrosas, de las que ya no se vuelve.
Nuestro valor intelectual, lo mismo que nuestro valor moral, no entra del exterior en nosotros, sino que sale de lo más profundo de nuestro ser.
La alabanza o la censura no tienen sino un efecto momentáneo en aquellos en quienes el amor por la belleza en abstracto los hace críticos severos de sus propias obras.
Lo que hace dulces los días es la expansión de la mente, la comunión de ideas, el relato confidencial de lo que se ha soñado, lo que se desea, todo lo que se piensa.
Cuanto más se aproxime una persona a otra, tanto menos consecuente en sus empresas y consistente en su interior le parecerá, a no ser que la vea con los ojos del amor.
No es el temperamento violento, es la prudencia lo que hace parecer terrible y amenazador; de tal manera, el cerebro del hombre es un arma más terrible que la garra del león.
La verdadera finalidad de la educación es el amor a la belleza, los mejores métodos educadores son el desarrollo del temperamento, el cultivo del gusto y la formación del espíritu crítico.
En toda confesión, en toda representación, se introduce fácilmente la deformación, y lo más tierno, lo indecible, se puede convertir, con un movimiento de la mano, en vulgar.
Todo el mundo puede simpatizar con los sufrimientos de un amigo; pero se requiere una naturaleza excepcionalmente pura, realmente individualista, para simpatizar con los éxitos de un amigo.
Mientras ignores lo que debes evitar y lo que debes desear, qué cosas son necesarias y cuáles son superfluas, dónde se halla lo justo y dónde lo injusto, lo que hagas no será viajar sino andar errante.
No soporta el alma que pongan límites a su duración: todos los años anda diciendo, sin míos: ningún siglo queda cerrado a los grandes espíritus; ninguna época es impenetrable al pensamiento.
El fácil, con una jerga convenida, con dos o tres ideas en boga, hacerse pasar por un escritor socialista, humanitario, renovador y precursor de ese porvenir evangélico soñado por los pobres y por los locos.
La mayor atención que un autor puede tener para como su público es no darle nunca aquello que espera, sino aquello que él mismo, desde el grado de formación propia y ajena, considera correcto y útil.
Un hombre será tanto más poderoso lingüísticamente cuanto más profunda sea la soledad en la que se arraiga. A la inversa, el hombre más social, el ángel de la sociabilidad, debería callar y observar.
Nada te será tan útil para mostrar temperancia en todas las cosas como la frecuente consideración de la brevedad y la incertidumbre de la vida. En cualquier cosa que hagas, pon tus ojos en la muerte.
El recordar una determinada imagen no es sino echar de menos un determinado instante, y las cosas, los caminos, los paseos, desgraciadamente son tan fugitivos como los años.
Todo el talento de escribir no consiste, depués de todo, más que en la elección de las palabras. La precisión es la que hace la fuerza. En el estilo es como en música: lo más hermoso y lo más raro que hay es la pureza del sonido.
La filosofía no enseña a hablar, sino a actuar, y exige que todo el mundo viva conforme a su ley, que la vida no contradiga la palabra y que no exista discrepancia entre los diferentes actos de la vida, que todos ofrezcan el mismo color.
Si logramos descorrer el velo de las palabras, el cual nos oculta la verdadera esencia de las cosas, entonces nos encontraremos cara a cara con las percepciones originarias y, en ellas, con las últimas certidumbres del conocimiento.
Revelar cólera u odio en las palabras o en los ademanes es inútil, peligroso, imprudente, ridículo y vulgar. No se debe, pues, manifestar cólera u odio sino por actos. La segunda manera obtendrá tantos más éxitos cuando mejor se preserve uno de la primera.
No son las grandes desgracias las que crean la desgracia, ni las grandes felicidades las que hacen la felicidad, sino el tejido fino e imperceptible de mil circunstancias banales, de mil detalles tenues los que componen toda una vida de paz radiante o de agitación infernal.
La mayor fineza radica en el mínimo de fineza. Es inútil comportarse, pues lo que para otros es el colmo del comportamiento, para nosotros es precisamente nuestro estado natural. Son tan pocas las gentes sencillas, es decir despojadas de toda provocación sentimental o intelectual, que el hecho de ser como somos nos vuelve singulares.
No es necesario ser un espíritu muy cultivado para comprender que no hay aquí abajo satisfacción verdadera y sólida: que todos nuestros placeres no son otra cosa que vanidad; que nuestros males son infinitos: y que, en fin, la muerte que nos amenaza en todos los instantes debe infaliblemente colocarnos dentro de pocos años en la infalible realidad de ser eternamente aniquilados o desgraciados.

Los pensamientos de Pascal

No es fácil leer los Pensamientos de Pascal, más difícil resulta todavía comprenderlos y volverlos a leer. Este es uno de los libros que más recomiendo y creo que nadie, hasta ahora, entre mis conocidos, ha acogido mi recomendación; cuando les pregunto cómo les ha parecido el libro me acusan de ser fanática religiosa. Pascal es mucho más que un creyente en el Redentor y en la promesa del Cielo, se trata de un hombre que se ha tomado el trabajo de reflexionar sobre algunas preguntas fundamentales y ha tratado de encontrar las respuestas. A continuación, algunas de las reflexiones de este Pensador:
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Lo propio de la justicia es abatir el orgullo por santas que las obras sean.
Todo lo que sé es que pronto debo morir; pero lo que más ignoro es esta muerte, que no puedo evitar.
Jesucristo es un Dios a quien uno se acerca sin orgullo, y bajo el cual se humilla sin desesperación.
La suprema adquisición de la razón consiste en reconocer que hay una infinidad de cosas que la sobrepasan.
Gustosa cosa es permanecer en un navío combatido por la tempestad cuando se tiene la seguridad de que no puede perecer.
No veo sino infinitos en todo, que me encierran como un átomo, y como una sombra, que no dura sino un instante y ya no vuelve.
Hay dos clases de personas que pueden llamarse razonables: las que sirven a Dios de todo corazón y las que le buscan de todo corazón porque aún no lo conocen.
Jesucristo ha dicho las cosas grandes tan sencillamente, que parece que no las ha pensado; y con tanta certeza, sin embargo, que bien se vio cómo pensaba.
Si todo se somete a la razón, nuestra religión no tendría nada de misterioso ni de sobrenatural. Si se choca con los principios de la razón, nuestra religión es absurda y ridícula.
Es preciso, para que una religión sea verdadera, que haya conocido nuestra naturaleza. Debe haber conocido la grandeza y la pequeñez, y la razón de la una y de la otra. ¿Cuál la ha conocido sino la cristiana?
No es bueno que el hombre no vea nada; no es bueno tampoco que vea lo bastante para creer que posee; sino que vea tan sólo lo suficiente para conocer que ha perdido. Es bueno ver y no ver; esto es precisamente el estado de naturaleza.
Después de su muerte vino San Pablo a declarar a los hombres que todas estas cosas había acontecido en figuras; que el reino de Dios no consistía en la carne, sino en el espíritu; que los enemigos de los hombres no eran los babilonios, sino sus pasiones propias.
Si hay Dios es infinitamente incomprensible, puesto que, no teniendo ni parte ni límites, no tiene ninguna relación con nosotros; somos, pues, incapaces de conocer cómo es, ni es siendo así ¿Quién osará proponerse resolver esta cuestión? No nosotros, que carecemos de relación con él.
Dios existe o no existe. ¿A qué respuesta nos inclinaremos? La razón nada puede decidir en esto. Hay un caos infinito que nos separa. Un juego se está jugando a tal infinita distancia; saldrá cara o cruz. ¿Por cuál apostaréis? La razón nada os dice; por la razón ninguna de las dos soluciones puede ser defendida.
Nada acusa más claramente una extrema debilidad de espíritu que el desconocer cuál es la desgracia de un hombre sin dios; nada señala hasta tal punto la mala disposición de un corazón, que el no desear la verdad de las promesas eternas; nada es más cobarde que fingirse valiente en contra de Dios.
El Dios de los cristianos es un Dios de amor y de consolación; es un Dios que llena el alma y el corazón que posee; es un Dios que hace sentir interiormente la propia miseria y al misericordia infinita, que se une al fondo de las almas; que llena de humildad, de gozo, de confianza, de amor; que los hace incapaces de otro fin que no sea El mismo.
Sólo la religión cristiana es proporcionada a todos, porque en ella se mezcla lo exterior y lo interior. Ella eleva al pueblo a lo interior, y hace descender a los soberbios a lo exterior, y no es perfecta sin lo uno y lo otro. Porque precisa que el pueblo entienda el espíritu de la letra, y los sutiles sepan someter su espíritu a la letra (practicando lo que hay en ella de exterior).
¿No está más claro que el día que sentimos en nosotros mismos los caracteres imborrables de la excelencia?¿Y no es verdad también que experimentamos constantemente los efectos de nuestra deplorable condición? ¿Qué nos clama pues, este caos y esta confusión monstruosa sino la verdad de estos dos estados, con una voz que es imposible resistir?
Es tan dañino para el hombre conocer a Dios sin conocer su propia miseria, que conocer su miseria sin conocer al Redentor que puede curarle de ella. Tener uno solo de estos conocimientos sin el otro, he aquí la causa del orgullo de los filósofos, que han conocido a Dios, y no a su propia miseria, o la desesperación de los ateos, que conocen su miseria sin conocer al Redentor.
Las condiciones más cómodas para vivir según el mundo, son las más difíciles para vivir según Dios; y, al contrario, nada es tan difícil, según el mundo, como la vida religiosa; nada es más fácil, según Dios; nada es tan cómodo como un gran empleo y grandes bienes, según el mundo; nada más difícil que vivir en él según Dios., y sin tomar en él parte y gusto.
Los filósofos no saben prescribir sentimientos proporcionados a los dos estados. Inspiran movimientos de grandeza pura, y éste no es el estado del hombre. Inspiran movimientos de bajeza pura, y éste no es el estado del hombre. Necesarios son los movimientos de bajeza, no de naturaleza, sino de penitencia. No para permanecer en ellos, sino para ir a la grandeza, no de mérito, sino de gracia, y después de haber pasado por la bajeza.
No es necesario ser un espíritu muy cultivado para comprender que no hay aquí abajo satisfacción verdadera y sólida; que todos nuestros placeres no son otra cosa que vanidad; que nuestros males son infinitos; y que, en fin, la muerte que nos amenaza en todos los instantes debe infaliblemente colocarnos dentro de pocos años en la infalible realidad de ser eternamente aniquilados o desgraciados.
Yo no sé quién me ha traído al mundo, ni lo que es el mundo, ni lo que soy yo mismo. Permanezco en una ignorancia terrible de todas las cosas. No sé lo que es mi cuerpo, ni mis sentidos, ni mi alma, ni esta parte de mí mismo que piensa lo que estoy diciendo y que reflexiona sobre todo, y sobre sí misma, y que, por otra parte, no se conoce tampoco. Veo estos espantosos espacios del Universo que encierran, y me encuentro ligado a un rincón de esta vasta extensión , sin que sepa por qué estoy colocado en este lugar y no en otro, ni por qué este poco tiempo que me es dado vivir me ha sido asignado a este punto, y no a otro, de toda la eternidad que me precede y de toda la que me sigue.
Nada es tan importante al hombre como su estado; nada le es tan temible como la eternidad; a sí, el hecho de que se encuentren hombres tan indiferentes a la pérdida de su estado y al peligro de una eternidad de miserias, no es cosa natural. Bien diferentes son respecto a las demás cosas; temen las más ligeras, las prevén, las sienten; y ese mismo hombre que pasa los días y las noches en la desesperación por la pérdida de su empleo, o por alguna ofensa imaginaria a su honor, es el mismo que sin inquietud y sin emoción sabe que va a perderlo todo a su muerte. Es una cosa monstruosa ver a un mismo corazón, y a un mismo tiempo, esta susceptibilidad ante las menores cosas y esta extraña impasibilidad ante las mas grandes.
Los hombre no aman naturalmente sino aquello que puede serles útil. ¿Qué ventaja hay para nosotros en oír decir a un hombre que él ha sacudido el yugo, que no cree que haya un Dios que vele por nuestras acciones, y que se considera como el único señor de su conducta y que no piensa rendir cuentas sino a sí mismo? ¿Juzga él, por ventura, que esto nos llevará a nosotros a tener, en adelante, confianza en él y a esperar sus consuelos, sus socorros o sus consejos, en las necesidades de la vida? ¿Pretenden los que dicen tal, darnos mucho gusto cuando nos cuentan que nuestra alma no es más que un poco de viento y humo, y así nos lo cuentan con un tono de voz satisfecho y alegre? ¿No es al contrario, una cosa que debiera decirse tristemente, como la cosa más triste que existe en el mundo?
No viendo la verdad entera, no han podido llegar a la perfecta virtud. Considerando los unos la naturaleza como incorrupta, los otros como irreparable, no han podido huir del orgullo o de la pereza, que son la fuente de todos los vicios, puesto que no pueden hacer otra cosa sino abandonarse en la cobardía o crecerse en el orgullo. Porque, si conocen la excelencia del hombre, ignoran su corrupción; de suerte que si evitan la pereza se pierden en la soberbia. Y si reconocen la flaqueza de la naturaleza, ignoran su dignidad; de suerte que pueden evitar la vanidad, pero se precipitan en la desesperación.

La gran puta

LA PUTA, LA GRAN PUTA, la grandísima puta, la santurrona, la simoníaca, la inquisidora, la torturadora, la falsificadora, la asesina, la fea, la loca, la mala; la del Santo Oficio, la del Índice de los Libros Prohibidos; la de las Cruzadas y la noche de San Bartolomé; la que saqueó a Constantinopla y bañó de sangre a Jerusalén; la que exterminó a los albigenses y a los veinte mil habitantes de Beziers; la que arrasó con las culturas indígenas de América; la que quemó a Segarelli en Parma, Juan Hus en Constanza y a Giordano Bruno en Roma; la detractora de la ciencia, la enemiga de la verdad, la adulteradora de la Historia; la perseguidora de judíos, la encendedora de hogueras, la quemadora de herejes y brujas; la estafadora de viudas, la cazadora de herencias, la vendedora de indulgencias; la que inventó a Cristoloco el rabioso y a Pedropiedra el estulto; la que promete el reino soso de los cielos y amenaza con el fuego eterno del infierno; la que amordaza la palabra y aherroja la libertad del alma; la que reprime a las demás religiones donde manda y exige libertad de culto donde no manda; la que nunca ha querido a los animales ni les ha tenido compasión; la oscurantista, la impostora, la difamadora, la calumniadora, la reprimida, la represora, la mirona, la fisgona, la contumaz; la relapsa, la corrupta, la hipócrita, la parásita, la zángana; la antisemita, la esclavista, la homofóbica, la misógina, la carnívora, la carnicera, la limosnera, la tartufa, la mentirosa, la insidiosa, la traidora, la despojadora, la ladrona, la manipuladora, la depredadora, la opresora; la pérfida, la falaz, la rapaz, la felona; la aberrante, la incosecuente, la incoherente, la absurda; la cretina, la estulta, la imbécil, la estúpida; la travestida, la mamarracha, la maricona; la autocrática, la despótica, la tiránica; la católica, la apostólica, la romana; la jesuítica, la dominica, la del Opus Dei; la concubina de Constantino, de Justiniano, de Carlomagno; la solapadora de Mussolini y de Hitler; la ramera de las rameras, la meretriz de la meretrices, la puta de Babilonia, la impune bimilenaria tiene cuentas pendientes conmigo desde mi infancia y aquí se las voy a cobrar.
Fernando Vallejo. La puta de Babilonia. Bogotá: Planeta. 2007: 5-6.

Plagio de principiante

Comparto con los lectores este pésimo plagio perpetrado por una persona que, con toda seguridad, hizo esta reseña de La virgen de los sicarios por encargo, con mucho afán y sin tener la menor idea de a quién plagiaba. Partió de un texto en particular, uno de mis mejores ensayos:
Un saludo
Elsy
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El plagio:
La virgen de los sicarios:
la retórica de la violencia
Jueves, 29 de abril de 2004
Por M. Ángeles Vázquez
Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 1942) que vive desde hace treinta años en México donde ha filmado tres películas y ha escrito todos sus libros, no es un escritor que pase inadvertido, sus obras siempre desatan polémicas enfurecidas. La virgen de los sicarios (1994)1 es una de ellas. Narra una historia de amor «en el país del odio» ?según palabras del autor?. Espléndida novela corta, de prosa ágil y lenguaje coloquial, provocadora e impactante, hace del exceso su pretexto literario. Estamos frente a un relato en primera persona que deambula por las calles de Medellín de la mano feroz de los sicarios, chicos desalmados que, armados con armas de fuego, van aniquilando a sus enemigos con una frialdad única.
Cruda caricatura de la violencia del Medellín de los años controlados por el cartel de Pablo Escobar. Con cáustico humor, la voz del autor-protagonista ?personificada en un viejo homosexual que regresa después de una larga ausencia?, perpetra su mirada antropológica entre los habitantes de una ciudad cargada de desmesurada violencia. El narrador va asumiendo gradualmente un escepticismo que desafía a la sensiblería más piadosa cuando exhibe los asesinatos cometidos por sus personajes. Crítico implacable a la manera de Tomas Bernhard (los dos se declaran enemigos de su patria), sumerge al lector en un mundo dislocado donde el bien y el mal se confunden o no existen: toda la novela se transforma en una gran figura retórica.
Coquetea con la jerga de los sicarios y con sus localismos, ficcionaliza la oralidad con fines poéticos y como clave de recursos de representación literaria: es la extensión de la denominada narrativa de la trasculturación (1982) de Ángel Rama por la que los escritores estudian y asumen el predominio de esta oralidad en comunidades relativamente aisladas de Latinoamérica.
[...] El efecto que se proponen producir los transculturadores con la estilización de un habla regional es la sensación ?en el lector? de encontrarse ante la recreación de voces rurales o populares auténticas y de presentar las particularidades culturales de la comunidad, su manera de concebir el mundo, el amor, la vida... a través del uso que los narradores y los personajes hacen de la lengua [...]
Elsy Rosas Crespo
Vallejo prescinde del uso de glosarios (múltiples giros y vocablos nos resultan ininteligibles), narrador y personajes comparten los mismos rasgos lingüísticos y se esfuerzan por ir contracorriente, contra valores institucionalizados como el matrimonio, la maternidad, la iglesia o la heterosexualidad. Los problemas sociales que plantean se relacionan con la explosión demográfica y la brutalidad de una sociedad sin oportunidades y aunque Vallejo se concentra en los conflictos que oprimen a Medellín, es obvio en su narrativa, el desprecio que en general, dirige a la raza humana
Mira Alexis [...] cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas. Dan grima, dan ganas de darle a la humanidad una patada en el culo y despeñarla por el rodadero de la eternidad, y que desocupen la tierra y no vuelvan más [...]2
Aunque el narrador condensa su discurso en un sector marginado de Medellín ?los jóvenes sicarios de las comunas? la gran opresión que aqueja a la comunidad no es el aislamiento sino la persistente violencia y el interés de quienes la constituyen. Una de sus preocupaciones más evidentes es el aumento desmesurado de la pobreza y la necesidad de aferrarse a la fe para, a través de ella, hacer la vida más tolerable.
En cuanto al amor homosexual, tópico difícil para la literatura hispanoamericana, Fernando Vallejo evita este desliz actuando con inteligente eminencia. En lo que atañe a las probables escenas de erotismo homosexual, se suprimen metódicamente, como si el narrador no quisiera que su presencia negara la áspera realidad, convirtiendo la homosexualidad en un ademán espiritual de los personajes.
Concluyendo, el lector se somete al impacto, a una novela intensa y crítica que combina con sugestiva levedad las constantes reflexiones que sobre la Colombia actual realiza su autor.
NOTAS
1. Ha sido también llevada al cine bajo la dirección de Barbet Schroeder (2000).
2. Fernando Vallejo. La virgen de los sicarios, Santafé de Bogotá: Alfaguara, 1998, 2.ª ed., pp. 13-14.
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Buzón de Rinconete
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lunes, 3 de agosto de 2015

Consejos prácticos de Walter Serner

No dramatices nunca, simplifica siempre.
Habla irónicamente sin sonreir. Sonríe sin hablar.
Alaba a menudo. Admira rara vez. No critiques nunca.
Quien desee dominar a los otros no puede dejarse escandalizar.
Saluda también con los ojos o con una sonrisa. Nunca con la boca.
Las personas interesantes (por decirlo así) son siempre un poco brutales.
El mundo quiere ser engañado. Y se pondrá seriamente furioso si no lo haces.
¿Cuándo eres realmente viejo? Cuando ya no te causa placer tener un público.
No debes hablar cínicamente con mucha frecuencia. Pero debes serlo siempre.
No te burles de nadie. A fin de cuentas, nadie entiende una broma que se hace a costa suya.
Demuestra lo que dices sólo cuando estés entre idiotas o profesores (y suscriptores de revistas).
Nadie es tan tonto como para que no puedas, después de tres días, convencerlo de que es un genio.
Jamás disculpes. Parece arrogante. Tampoco digas eso; también lo parece. Limítate a olvidar manifiestamente lo sucedido.
Podrás ser tan fuerte como quieras; si careces de experiencia caerás más rápida y fatalmente que cualquier idiota promedio.
Si alguien te asalta con una pregunta, una observación, aparenta estar un poco confundido: como si te hubiera sacado de tus reflexiones.
Haz como si tomaras la vida en serio. Los listos, si te creen, te considerarán digno de confianza; si no te creen, te tomarán por listo.
Aquél que afirma que la vida es bella y los hombres buenos es, o bien un imbécil, o bien uno del que deberías tener mucho cuidado.
Si te acomete la Gran Ira, emprende algo de inmediato. Si no tienes nada más al alcance de la mano, explica a una niña de seis años el poder de la luz de la luna.
No hables en voz baja demasiado tiempo. Hace suponer que te has acostumbrado a ello por razones indignas. (Pero habla siempre en voz baja por teléfono).
No te repitas jamás. Si a las tres has dicho algo estupendamente ingenioso y lo repites dos veces en la siguiente hora, todos se inclinarán a pensar que eres un imbécil.
Llegar más allá de los sesenta años no causa ningún placer y, de hecho, es a menudo un malheur. Ten esto en cuenta cuando tengas treinta y no seas avaro contigo mismo. (Además, los ahorrativos jamás triunfan).
Durante siglos, a todas las cosas se les suscribieron profundidades que en verdad nunca han tenido. Esto ha sido la causa de grandes desgracias. Banaliza todo; cosecharás éxitos y sembrarás oportunidades.
Estrictamente hablando, no hay ni amos ni lacayos. Todos somos esclavos de nuestras capacidades y nuestros temperamentos. Ten esto siempre en cuenta y no te resultará difícil controlarte a ti mismo ni a los demás.
Cuando estés mal, harás bien en intentar ocultarlo. Pero si gozas de éxito, a tu alrededor surgirán odios y envidias, así que finge un malestar pulmonar o un dolor de riñones y cómprate una sepultura: todo enemistad se desvanecerá.
No permitas que tu vida se vuelva demasiado regular. Podrás encontrar satisfacción en ello y en un año tener una panza y un hijo. Todo derrumbe ocurre de prisa. Y a menudo cae el más fuerte sin poder ponerse de pie de nuevo.
No es la aversión a este mundo donde todos traicionan, venden y engañan, la que convierte a muchas personas en raros y solitarios. Es el temor de no tener fuerzas suficientes para desconfiar continuamente, para timar, para saquear.
Promete realizar todo lo que te pidan. Prométele con tanto júbilo que cualquier duda sobre tu promesa se disuelva enseguida. Si luego no cumples lo prometido, habrás sido alabado de tal modo, que ya no valdrá la pena decir lo contrario de ti.
Recuerda que todo el que te ha hecho partícipe de su sufrimiento o te ha contado algo acerca de su amor ha despertado en ti un vago sentimiento de impaciencia. No cometerás así jamás el burdo error de ocupar a otros contigo cuando quieras que se ocupen de ti.
Todo el mundo se alegra de poder juzgar. Si temes, pues, que alguien pudiera condenar alguna de tus características, llévalo mañosamente a que condene esta misma característica en otra persona. Así se olvidará de la tuya y pensará que se ha equivocado.
Ejercita cada día tus ojos poniéndote frente al espejo. Tu mirada debe aprender a posarse silenciosa y pesadamente sobre el otro, a disimular con velocidad, a aguijonear, a protestar. O a irradiar tanta experiencia y sabiduría que tu prójimo te dé la mano temblando.
El lazo de sangre es una ficción. Y no sólo porque únicamente la madre es segura. Con el corte del cordón umbilical termina todo. Incluso lo hereditario se vuelve independiente. Piensa en esto siempre cuando el humor pesimista o un fracaso te lleven a buscar causas hereditarias. Búscalas en tus propios errores, en la malevolencia del destino, en la fuerza de tu oponente. De lo contrario, tendrás no sólo mala suerte sino además traumas interiores.
En aquellas inevitables horas en que te invade la nostalgia indomable por calma interior, el asco hacia ti mismo -que por lo demás, te hace particularmente lúcido frente a lo desastrozo de tu estado y dolorosamente consciente de la Gran Nada-, en esas horas bebe dos tazas de chocolate caliente, trágate una aspirina y ve a la cama. (Estas horas se podrán eludir si la predisposición a tales recaídas espirituales, surgida del mal sueño o el esfuerzo excesivo, pudiera a su vez ser evitada).