viernes, 7 de agosto de 2015

Plagio de principiante

Comparto con los lectores este pésimo plagio perpetrado por una persona que, con toda seguridad, hizo esta reseña de La virgen de los sicarios por encargo, con mucho afán y sin tener la menor idea de a quién plagiaba. Partió de un texto en particular, uno de mis mejores ensayos:
Un saludo
Elsy
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El plagio:
La virgen de los sicarios:
la retórica de la violencia
Jueves, 29 de abril de 2004
Por M. Ángeles Vázquez
Fernando Vallejo (Medellín, Colombia, 1942) que vive desde hace treinta años en México donde ha filmado tres películas y ha escrito todos sus libros, no es un escritor que pase inadvertido, sus obras siempre desatan polémicas enfurecidas. La virgen de los sicarios (1994)1 es una de ellas. Narra una historia de amor «en el país del odio» ?según palabras del autor?. Espléndida novela corta, de prosa ágil y lenguaje coloquial, provocadora e impactante, hace del exceso su pretexto literario. Estamos frente a un relato en primera persona que deambula por las calles de Medellín de la mano feroz de los sicarios, chicos desalmados que, armados con armas de fuego, van aniquilando a sus enemigos con una frialdad única.
Cruda caricatura de la violencia del Medellín de los años controlados por el cartel de Pablo Escobar. Con cáustico humor, la voz del autor-protagonista ?personificada en un viejo homosexual que regresa después de una larga ausencia?, perpetra su mirada antropológica entre los habitantes de una ciudad cargada de desmesurada violencia. El narrador va asumiendo gradualmente un escepticismo que desafía a la sensiblería más piadosa cuando exhibe los asesinatos cometidos por sus personajes. Crítico implacable a la manera de Tomas Bernhard (los dos se declaran enemigos de su patria), sumerge al lector en un mundo dislocado donde el bien y el mal se confunden o no existen: toda la novela se transforma en una gran figura retórica.
Coquetea con la jerga de los sicarios y con sus localismos, ficcionaliza la oralidad con fines poéticos y como clave de recursos de representación literaria: es la extensión de la denominada narrativa de la trasculturación (1982) de Ángel Rama por la que los escritores estudian y asumen el predominio de esta oralidad en comunidades relativamente aisladas de Latinoamérica.
[...] El efecto que se proponen producir los transculturadores con la estilización de un habla regional es la sensación ?en el lector? de encontrarse ante la recreación de voces rurales o populares auténticas y de presentar las particularidades culturales de la comunidad, su manera de concebir el mundo, el amor, la vida... a través del uso que los narradores y los personajes hacen de la lengua [...]
Elsy Rosas Crespo
Vallejo prescinde del uso de glosarios (múltiples giros y vocablos nos resultan ininteligibles), narrador y personajes comparten los mismos rasgos lingüísticos y se esfuerzan por ir contracorriente, contra valores institucionalizados como el matrimonio, la maternidad, la iglesia o la heterosexualidad. Los problemas sociales que plantean se relacionan con la explosión demográfica y la brutalidad de una sociedad sin oportunidades y aunque Vallejo se concentra en los conflictos que oprimen a Medellín, es obvio en su narrativa, el desprecio que en general, dirige a la raza humana
Mira Alexis [...] cuando la humanidad se sienta en sus culos ante un televisor a ver veintidós adultos infantiles dándole patadas a un balón no hay esperanzas. Dan grima, dan ganas de darle a la humanidad una patada en el culo y despeñarla por el rodadero de la eternidad, y que desocupen la tierra y no vuelvan más [...]2
Aunque el narrador condensa su discurso en un sector marginado de Medellín ?los jóvenes sicarios de las comunas? la gran opresión que aqueja a la comunidad no es el aislamiento sino la persistente violencia y el interés de quienes la constituyen. Una de sus preocupaciones más evidentes es el aumento desmesurado de la pobreza y la necesidad de aferrarse a la fe para, a través de ella, hacer la vida más tolerable.
En cuanto al amor homosexual, tópico difícil para la literatura hispanoamericana, Fernando Vallejo evita este desliz actuando con inteligente eminencia. En lo que atañe a las probables escenas de erotismo homosexual, se suprimen metódicamente, como si el narrador no quisiera que su presencia negara la áspera realidad, convirtiendo la homosexualidad en un ademán espiritual de los personajes.
Concluyendo, el lector se somete al impacto, a una novela intensa y crítica que combina con sugestiva levedad las constantes reflexiones que sobre la Colombia actual realiza su autor.
NOTAS
1. Ha sido también llevada al cine bajo la dirección de Barbet Schroeder (2000).
2. Fernando Vallejo. La virgen de los sicarios, Santafé de Bogotá: Alfaguara, 1998, 2.ª ed., pp. 13-14.
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Buzón de Rinconete
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